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La generación millennial en la empresa

En la actualidad, los millennials son uno de los principales públicos objetivos fijados por diferentes empresas. Numerosas campañas de publicidad de productos y servicios de todo tipo destinan sus esfuerzos hacia estos jóvenes, que, en su mayoría no solo son consumidores, sino también prosumidores.

Sin embargo, las empresas no solo deberían centrarse en ellos como clientes. Su papel en el mercado de trabajo será esencial en los próximos años, suponiendo casi la mitad en 2020 y el 75% cinco años más tarde.

¿Cómo son los ‘millennials’?

No existe un consenso general acerca de qué fechas abarca esta generación, pero suele coincidirse en que da comienzo con los nacidos a partir de 1982. Para algunos, finaliza a mediados de los 90, fecha en la que surgiría la Generación Z (que, según varias fuentes, comprende a los nacidos entre 1995 y 2010), pero, para quienes no hacen esta distinción, se extiende hasta principios de los 2000. Sea como sea, existen características comunes que, por lo general, giran en torno a su condición de nativos digitales.

Gran parte de ellos está en los primeros años de su carrera profesional, pero, si tienen la oportunidad, suelen trabajar en varias empresas. ¿A qué se debe esto? No solo influye la temporalidad de los contratos, cada vez más extendida, sino que, al no tener grandes cargas (familiares o económicas), buscan experiencia y buenas condiciones, sin necesidad de aferrarse a la supuesta estabilidad que les ofrecería un único trabajo.

Todo esto no necesariamente implica que sean más despreocupados o estén menos comprometidos, simplemente necesitan que la empresa les ofrezca determinado tipo de motivaciones. Para captar su talento y mantenerlo más tiempo, antes debemos entender cómo son a nivel general, pero intentando no caer en estereotipos.

Gran parte de ellos suele tener un perfil dinámico, innovador y ambicioso. Además, están más preparados a nivel educativo, pues 4 de cada 10 tienen estudios de grado superior. Estas características les otorgan un sentido crítico y una mayor exigencia, por lo que no suelen conformarse con estabilidad y buen sueldo, sino que normalmente se decantan por proyectos interesantes.

A pesar de que, en parte, hay un aumento de la individualidad (principalmente en cuanto a diferenciación del resto), están más concienciados socialmente y más abiertos a nuevas experiencias. Para ellos, es clave el trato de cuestiones como el cuidado del medio ambiente, la ayuda social o la igualdad, por lo que buscan lugares que potencien estos valores con transparencia.

Por último, consideran las nuevas tecnologías e Internet como algo básico, lo cual no implica que sean incapaces de separarse de sus pantallas, como se suele creer. Han crecido con ellas y han basado gran parte de sus comunicaciones en el uso de redes sociales, por lo que la inmediatez y la eficacia son puntos clave. Por ejemplo, muchos otorgan preferencia a un correo electrónico antes que una llamada telefónica. Además, estos medios les han permitido compartir ideas, opiniones y conocimientos, pudiendo profundizar al instante en cualquier tema y obtener una visión más amplia que la que aportan los medios tradicionales, nutriéndose de numerosos puntos de vista que interpretarán para formar el suyo propio.

Todas estas características influyen en la actitud que presentan estos jóvenes ante el mercado de trabajo. Las expectativas han cambiado y continuarán haciéndolo, por lo que las empresas deben adaptarse a las circunstancias de cada momento y buscar el correcto entendimiento con todos sus empleados.