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Cómo optimizar tu negocio a través de la gamificación

No se hace difícil entender que un juego entretenido nos implique mucho más que otro tipo de tareas menos estimulantes, debido al carácter de recreo que se le presupone. Pero, a pesar de la extendida concepción que existe acerca de que los juegos son únicamente una fuente de ocio, hay otros muchos usos en diversos ámbitos. Un ejemplo es la educación, donde los niños consiguen asentar conocimientos a través de dinámicas de juego, que nos involucran y permiten retener más información de la recibida, que, además, será más difícil de olvidar.

No solo permiten el aprendizaje, sino que contribuyen a mejorar la creatividad y la cooperación, como sostiene la Comisión de Mercado Interior del Parlamento Europeo, e incluso la concentración. Si se considera útil en el desarrollo de los niños, ¿por qué no iba a ayudar a los mayores a continuar aprendiendo y especializándose? Todos estos conceptos derivan en la gamificación, una de las nuevas tendencias que más interés ha despertado entre los empresarios y cuya implementación se ha visto facilitada gracias al uso de tecnologías digitales, que aumentan la calidad del proceso, la interactividad y el análisis de datos.

De hecho, según una investigación de Deloitte, las empresas utilizarán gamificación en el 25% de sus procesos y se prevé un volumen de 5,5 billones de dólares para este año.

Pero, ¿qué es la gamificación?

La gamificación (en inglés denominada gamification y también conocida como ludificación) consiste en utilizar técnicas e ideas de la industria del juego y del videojuego en, principalmente, el entorno empresarial y corporativo, si bien es aplicable a sectores como salud o educación. Para resumir sus numerosos beneficios, podríamos mencionar al experto en gamificación Yu-Kai Chou, que mantiene que se trata de “combinar rutina y diversión”, es decir, darle un carácter lúdico a ese tipo de procesos para hacerlos más atractivos. De este modo, la consecución de objetivos pasa a ser mucho más agradable.

Siempre está enfocada a un tipo de público, por lo que, atendiendo a este criterio, hemos determinado dos tipos básicos de gamificación: interna y externa. A continuación, explicamos en mayor profundidad los usos y ventajas de cada una de ellas.

Gamificación interna

Entendemos gamificación interna como aquella que se da en el proyecto de empresa, relacionándola con los empleados, formación y talento, comunicación interna e incluso como apoyo para reuniones, premiando la participación y proactividad. Destacamos cinco ventajas:

Facilita la organización y gestión empresarial

Existen simuladores virtuales del plan de empresa, que permiten afinar el diseño del negocio probando diferentes opciones, por lo que son especialmente útiles para proyectos en curso o start-ups.

Los juegos son muy utilizados también por Recursos Humanos. Se suelen determinar las competencias o conocimientos requeridos para desempeñar el puesto ofertado, y, a partir de ahí, se diseña una herramienta de gamificación que permita incidir en ellos, detectando así el talento. Una vez contratado el empleado, se puede extender este proceso para, por ejemplo, explicarle el mecanismo de trabajo o sus tareas, además de influir en la integración y en la coordinación de equipos.

Aumenta las posibilidades de aprendizaje

La gamificación no solo permite detectar las áreas de mejora de cada empleado, sino que también contribuye a cubrir esas carencias mediante la formación corporativa. Si antes hablábamos de simuladores de proyecto de empresa, ahora tratamos los de situaciones posibles en una empresa real, que permiten a los empleados adquirir determinadas habilidades mediante la práctica de sus funciones probando distintas opciones.

La principal ventaja de los simuladores es que no existe miedo a las consecuencias de cualquier equivocación, al no ser un caso real. En palabras de Sergio Jiménez, cofundador de Gamification World Congress: “El juego permite crear una zona segura de aprendizaje donde el error está permitido”. Algunos ejemplos de este tipo de simuladores, también denominados “serious games”, son Triskelion, que combina un curso con un simulador y un videojuego, enfocados a mejorar la gestión del tiempo, y Merchants, aprendizaje sobre negociación que simula el contexto de Venecia en el siglo XV.

Estas técnicas permiten dejar de lado las tareas rutinarias y aburridas para potenciar el talento, adquirir nuevos conocimientos y desarrollar competencias, entre ellas, la capacidad para adaptarse a los cambios, cada vez más valorada en ámbitos empresariales.

Mejora la comunicación interna

La comunicación interna es un valor estratégico muy importante en nuestra era. Posibilita transmitir la cultura corporativa (valores, misión, visión, responsabilidad social, conocimiento e identificación de los compañeros, etc.) y alinear los valores y metas de los trabajadores con los empresariales. Por ello, se hace interesante trabajar su fluidez.

La gamificación permite extender la comunicación interna entre departamentos y entre empleados, mejorando el trabajo en equipo e incluso reduciendo, en parte, las brechas que puedan existir por la jerarquía del organigrama y permitiendo un feedback más directo. Esto fortalecerá la imagen de la marca entre sus empleados, acercándolos a un sentimiento de pertenencia y orgullo corporativo que mejorará su motivación.

Motiva e implica a los empleados

La dinámica del juego que utiliza logros, objetivos, competitividad y premios permite implicar más a los empleados, motivándoles por conseguir unos objetivos empresariales que ahora entienden como un reto prácticamente personal. Si le sumamos la ya mencionada mejora de comunicación, que permite que entiendan de forma más clara su propósito y papel en la empresa, se genera un fuerte compromiso y se mejorará el ambiente de trabajo, evitando actitudes pesimistas y conformistas.

Y, por tanto, mejora la productividad

Todos los beneficios mencionados anteriormente contribuyen a la mejora de la productividad.

Gamificación externa

La gamificación no solo sirve para aprender o desarrollar el talento interno, sino que se trata de un modo llamativo de recibir información, lo que aumentará el interés del público, su atención y nos diferenciará de la competencia. Por ello, se hace realmente útil para dirigirnos a nuestros clientes o consumidores potenciales.

Aplicar gamificación enfocada al público externo suele buscar experiencias interesantes y entretenidas para satisfacer a los clientes. Conseguimos vincular al usuario de una forma más emocional, por lo que terminaremos por generar engagement con la marca, cuya imagen se verá reforzada e incluso posicionada como innovadora.

Si además de fidelizar a nuestros clientes añadimos el carácter viral del juego, se convierte en un gran aliado para que sea el propio público quien quiera iniciar la interacción con la marca, algo muy valioso en procesos de marketing como la captación, la promoción o el lanzamiento de nuevos productos o servicios.

Al tratarse de una experiencia divertida, aumenta el tiempo destinado a los canales de comunicación y la reciprocidad, de la cual podemos obtener información sobre las necesidades de nuestros usuarios. Esto posibilita adelantarnos a la oferta y al proceso de compra para optimizarlos correctamente.

Mejorando el conocimiento de los públicos y atrayendo a más personas a nuestro negocio, lo más probable es que aumente la tasa de conversión, por lo que la rentabilidad de la gamificación es también tangible.

Los usos también pueden relacionarse con situaciones reales, como su aplicación en eventos. En este caso, anima a los asistentes a participar activamente para poder conseguir puntos, por ejemplo, al resolver cuestionarios, acertijos, retos, etc., y facilitando su viralización mediante el uso de redes sociales. Si se relaciona con la web o una app, aumentarán los leads y las descargas y el acceso a más información. Puede incluso mejorar las relaciones personales y el ambiente al proponer retos por equipos, muy recomendables también para eventos internos.

Los códigos QR son otro ejemplo de su aplicación a una situación real, porque pueden situarse en espacios estratégicos relacionados con nuestro negocio o en el punto de venta. Sea cual sea el caso, la experiencia será mucho más memorable que si se limita a una simple compra o asistencia a un evento, por lo que su repercusión perdurará en el tiempo.

Consejos para tu gamificación

Si hemos decidido utilizar gamificación, en primer lugar deberían estudiarse los objetivos, los usuarios que participarán y el entorno o estrategia en la que la queremos incluir, con el fin de adaptarlo adecuadamente.

En general, sea cual sea el fin y el público de la gamificación (interno o externo) existen unas recomendaciones que se deberían tener en cuenta.

Siempre debe buscarse que realmente genere engagement, que sea entretenido e implique al usuario, evitando que abandone el juego. Para ello, hay que establecer retos atractivos: que no sean tan simples que aburran, pero tampoco tan difíciles que generen frustración. Una buena opción es ofrecer recursos limitados a los usuarios, de forma que tengan que ingeniárselas para ir avanzando a medida que la dificultad aumenta progresivamente. Mediante estas metas se pueden buscar diferentes consecuciones, desde la mejora de una habilidad determinada hasta la clara manifestación de los objetivos organizacionales para asegurar su interiorización.

Ante este esfuerzo, para motivar todavía más y para que el usuario sea consciente de su progreso, lo normal sería establecer una serie de recompensas, que pueden ser de muy variado tipo, tangibles o no: puntos en el propio juego o canjeables por descuentos o regalos, rankings o clasificaciones que fomenten la competición y el reconocimiento, nuevos niveles, premiar a un departamento (en el caso de la interna) o simplemente el ocio. Estos logros permiten medir la experiencia y progreso de un miembro en concreto.

Otra posibilidad es la inclusión de elementos de tipo social, como puede ser generar una “identidad virtual” mediante la personalización del perfil, un avatar o el diseño de la plataforma. También es posible crear comunidades donde los jugadores puedan interactuar (como chats o división por equipos) y compartir sus experiencias, algo especialmente útil cuando se trata de gamificación interna.

Se deberán tener en cuenta cuestiones como el diseño responsive, adaptado a diferentes dispositivos, y la estética del juego, que debería ser agradable y transmitir la identidad de la empresa o marca.

En definitiva

La gamificación no es un objetivo como tal, sino que se trata de uno de los medios aplicables para llegar a él. Por ello, debemos tener muy claro nuestro propósito, nuestro público y lo que pretendemos generar en él.

A pesar de que pueda parecerlo, no se trata de un juego más. Desarrollarlo e implementarlo requiere esfuerzo, o, de lo contrario, podría fracasar, inutilizando los recursos invertidos. Necesita una planificación bien estructurada, analizando diversos factores e innovando.

Aunque lo habitual es que la gamificación se aplique a la organización como una estrategia más, hay empresas que basan sus servicios en ella, como ocurre con Duolingo, que permite aprender idiomas mediante pruebas entretenidas, consiguiendo puntos con la posibilidad de perder vidas e incluso unirse a distintos clubes.

Pero, ¿dónde están los límites? Algunos elementos (como barras de progreso o niveles) están tan generalizados que, ¿podemos considerarlos realmente gamificación? Veamos dos ejemplos:

Por un lado, podemos decir que TripAdvisor utiliza gamificación, al ofrecer un sistema de puntos por completar valoraciones y comentarios. Muy generalizados son los descuentos en e-commerces por invitar a algún amigo o compartir en redes sociales.

Por otro, si entendemos que se debe ir más allá, hablaremos de plataformas destinadas únicamente a la gamificación en el contexto interno u otras como la aplicación móvil Mini Lidl, todo un juego destinado al público general, que permite crear y gestionar tu propio supermercado de la marca.

Sin embargo, sin importar en qué medida se haya implantado, se coincide en señalar la interactividad, motivación e información fluida como beneficios comunes, siempre y cuando se implemente de manera adecuada, planificada y utilizando las mejores tecnologías a nuestro alcance.