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La digitalización también llega a los hospitales

La tecnología ha supuesto una revolución en prácticamente todos los sectores, facilitando su gestión y desarrollo y librándonos de tareas más rutinarias que impiden dedicar ese tiempo a otros propósitos.

Los hospitales no podían ser menos. A pesar de que se trata de un proceso lento, se está trabajando por llegar al modelo de “hospital inteligente”, que optimiza todos sus procesos, además de las infraestructuras y el mantenimiento.

Sin embargo, los avances introducidos no han ido siempre dirigidos a mejorar directamente la salud, sino que han afectado a diversos procesos relacionados con su desarrollo.

La documentación ha sido, desde los inicios, el principal eje para los avances digitales en cuestión de sanidad. El motivo es claro: el registro y seguimiento hospitalario de un paciente conlleva la generación de grandes volúmenes de datos y la necesidad de consultar información previa, es decir, su historia clínica. Cada vez más, hospitales y centros médicos han tenido que lidiar con innumerables problemas de almacenamiento y tratamiento de archivos.

Al igual que ocurría con otros sectores, a principios de los 80 se empieza a considerar esta preocupación, pero no es hasta la siguiente década cuando su relevancia se ve manifestada en iniciativas como el Plan de Gestión de Calidad del Ministerio de Sanidad, que sugería centralizar, estandarizar, unificar e informatizar los documentos clínicos. Daba comienzo el paulatino desarrollo de la digitalización.

Digitalización de documentos médicos

Desde luego, digitalizar las informaciones de los pacientes mediante el uso de fichas electrónicas y bases de datos es una idea de gran utilidad y permite actualizar constantemente el historial. Pero también se debe aplicar el proceso a los documentos antiguos impresos en papel, que tendrán que ser seleccionados, ordenados, escaneados y categorizados.

Mediante la implantación de software específico, se indexan los archivos para relacionarlos con su código de identificación y se facilita tanto el almacenamiento como la disponibilidad de los documentos, que pueden ser recuperados en cualquier momento y lugar. A ellos solo podrán acceder los profesionales autorizados (incluso simultáneamente) registrando su consulta, lo que garantiza una mayor seguridad, teniendo siempre en cuenta las regulaciones existentes en lo que concierne a la protección de datos. Otra posibilidad a barajar es la del acceso por parte del propio paciente a su historial, recetas, consultas, etc. Todo ello podría verse sometido a la realización de copias de seguridad automáticas que reducen el riesgo de extravío.

Los beneficios no son únicamente medioambientales. Aunque requiera una inversión inicial, a largo plazo permite reducir los costes, mejora el rendimiento del personal, aprovecha mejor el espacio físico e incluso puede ser un punto clave para la investigación.

Las imágenes médicas, como las radiografías, también se suman a esta transformación, pues una mejor resolución favorece el diagnóstico. Por ello, se incluyen los sistemas de imagen digital o PACS (Picture Archiving and Communication Systems).

Estos avances permiten agilizar la atención y los tiempos de búsqueda de documentos clínicos o los desplazamientos que puedan implicar. Su relevancia se ve reflejada, por ejemplo, en Unidades específicas de Digitalización, como la que creó recientemente el Hospital de Málaga.

Hospitales inteligentes

El sector sanitario es muy complejo y los problemas no se limitan al tratamiento documental. Por ello, la tecnología se ha ido incorporando con propósitos más científicos, como ocurre en cirugía, desarrollando técnicas digitales menos invasivas que las convencionales y con materiales cada vez más sofisticados, que facilitan al cirujano su labor y la seguridad del proceso.

Una meta sería evolucionar hacia el modelo de hospital inteligente o “smart hospital”, que, según Frost & Sullivan, es el resultado de optimizar procesos clínicos, rediseñar sistemas de gestión y construir nuevas infraestructuras. Consideramos que existen dos ejes principales que determinan su desarrollo:

Tecnologías clínicas

Para el correcto desempeño de las funciones y el diagnóstico, es necesario que los equipos sean de calidad. Existen tecnologías novedosas que mejoran notablemente el servicio, llegando a ofrecer soluciones como la impresión en 3D de prótesis, la recopilación de datos como la temperatura de la habitación o incluso el uso de drones para enviar recursos como, por ejemplo, órganos o bolsas de sangre.

Uso de información

El uso del Big Data permite gestionar grandes cantidades de información y analizar los datos de manera más rápida. Combinado con machine learning o aprendizaje automático, puede tener un gran potencial a la hora de realizar diagnósticos más precisos e incluso de prevención, desembocando en una medicina a medida para cada paciente.

Un gran ejemplo a nivel nacional es el Hospital de Dénia, en Alicante, que cuenta con el máximo nivel de la clasificación EMRAM, otorgada por HIMSS Analytics a los hospitales según su digitalización. Es apreciable a simple vista la relevancia y avance de su tecnología, implantada en prácticamente todos los procesos.

Así, por ejemplo, los pacientes portan una pulsera con un código de barras, que, al ser escaneado muestra información como la medicación necesaria, su hora de administración y la dosis. El Humber River Hospital de Toronto va un paso más allá, siendo robots quienes se encargan de repartir los suministros.

Otro proyecto en curso es MYSPHERA de Telefónica, con utilidades como informar en tiempo real del estado de salud del paciente a sus familiares o un sistema de localización de recursos.

Pero, ¿qué camino estamos tomando realmente?

La presencia de la tecnología en sanidad es cada vez mayor y a menudo se ha ido incrementando la inversión que se le destina. Desde las instituciones públicas también se impulsan proyectos como la historia clínica y la receta electrónica interoperable. Son iniciativas necesarias, pero queda un largo camino por recorrer para hablar de una auténtica transformación sanitaria, como corrobora Jaime del Barrio, presidente de la Asociación de Salud Digital.

¿Qué enfoque se le está dando a estas transformaciones? Principalmente se han aplicado a procesos ya existentes para facilitar su desempeño, como veíamos con la relevancia de la documentación hospitalaria. Pero no se pueden dejar de lado otros aspectos en los que se pueden introducir mejoras determinantes en la calidad del servicio sanitario.

Deben existir unos objetivos a largo plazo, de cumplimiento necesario, pero más paulatino, como la evolución hacia los hospitales inteligentes, que realmente mejoren la calidad en materia sanitaria. Y tal vez sean igualmente necesarios objetivos a corto y medio plazo, cuya consecución no sea tan complicada. Esto hará más visible la transformación como algo posible, adaptando a los usuarios al sistema.

¿Y a qué se referirán esas metas más “cercanas”? Un ejemplo es la creación de aplicaciones móviles, teniendo en cuenta que, según un estudio de Ernst & Young, cada vez más personas prefieren realizar consultas online, además de que permite una gestión más simple y rápida y una mejor comunicación. Estos cambios enfocados a la atención al paciente son básicos en un sector que vela por su bienestar.

¿Serán los hospitales del futuro “inteligentes”? Dada la rápida evolución y generalización de las tecnologías, es muy probable. Sin embargo, considerando que existen numerosas barreras, como las económicas para implantar la infraestructura o las de personal (en cuanto a su actitud, compromiso y conocimientos que deben adoptar), entendemos que no es un proceso rápido y puede tomar años para estar implantado en la mayoría de centros.