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La convergencia entre la Inteligencia Artificial y la natural

La inteligencia ha sido considerada una de las características fundamentales que diferencian a los seres humanos del resto. Pero, ¿qué entendemos por inteligencia? Destacamos las siguientes acepciones de la RAE:

  1. f. Capacidad de entender o comprender.
  2. f. Capacidad de resolver problemas.
  3. f. Conocimiento, comprensión, acto de entender.
  4. f. Habilidad, destreza y experiencia.

Atendiendo a estas definiciones, una aproximación a este concepto podría llevarnos a entenderla como la capacidad de comprender la información que recibimos a través de la experiencia y transformarla en conocimiento (que puede ser de distintos tipos), que podemos aplicar para resolver problemas. Por tanto, dado que las tecnologías pueden procesar datos y resolver problemas, respondiendo de acuerdo a una base de información, puede explicarse que haya sistemas considerados “inteligentes”.

La RAE también incluye el término “inteligencia artificial”, entendido como disciplina científica que se ocupa de crear programas informáticos que ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el aprendizaje o el razonamiento lógico.

La Inteligencia Artificial (IA) es un campo muy amplio y que puede influir y transformar diversos sectores, algunos de ellos con un potencial muy interesante, como financiación o detección de catástrofes. A pesar de que no es algo completamente nuevo e incluso estamos acostumbrados a ejemplos como los algoritmos predictivos, está ganando cada vez más presencia y visibilidad, algo que probablemente se vea incrementado con el auge del Internet de las Cosas (IoT).

Las tecnologías actuales pueden ser inteligentes debido a sus funcionalidades y capacidades: pueden poner en marcha una cantidad inmensa de procesos con circuitos lógicos bastante más complejos, manejando y cruzando más variables y parámetros. Además, las inteligencias están programadas específicamente para la tarea prevista, con lo que la efectividad puede ser mucho mayor.

La IA, con la ayuda esencial del big data, ya tiene un papel importante en el ámbito empresarial. Está haciendo evolucionar los procesos de las compañías, ayudando a la toma de decisiones estratégicas y, como cambio más visible, automatizando tareas: chatbots, asistentes digitales, trámites administrativos, identificación de fraudes, etc. Sin embargo, todavía existen personas algo reticentes que prefieren que determinadas tareas sigan siendo realizadas por personas.

Las previsiones que existen son sorprendentes: Nick Bostrom, filósofo sueco, ve un 90% de posibilidades de que entre 2075 y 2090 haya máquinas tan inteligentes como los humanos.

Ya podemos comprobarlo en nuestro día a día, en el cual las nuevas tecnologías y el ámbito digital están muy presentes, integrándose con nuestros hábitos. Parece que nuestras vidas evolucionan hacia una convivencia con la inteligencia artificial. Y, efectivamente, esa es la palabra clave, convivencia en lugar de competencia, puesto que nos hará conseguir mejores resultados en todos los aspectos. Es ahí donde surge el concepto de inteligencia híbrida.

Algunas personas consideran que la inteligencia artificial tiene como fin mejorar y extender nuestras capacidades y posibilidades y complementar a nuestra inteligencia. Coexistencia y cooperación son puntos clave. Inteligencia híbrida es la que une lo mejor de la artificial y la humana, pudiendo así llegar todavía más lejos que cada una de ellas de manera individual.

Este tipo de tecnologías permiten liberar de ciertas trabajos a los humanos, permitiéndoles centrar su esfuerzo en otro tipo de tareas. Son, sin duda, una gran ayuda, pero que requiere una gestión e intervención humana, por lo que se debe buscar un equilibrio.

Algunas organizaciones que ya ponen en práctica la colaboración humanos-tecnología consiguen una mayor eficiencia y eficacia en sus resultados, facilitan la innovación y ofrecen experiencias diferenciales a sus clientes. De este modo, también podremos hablar de empresas “inteligentes”, capaces de resolver problemas y afrontar cambios.